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Esa palabra… Acelerar

La aceleración educativa es una estrategia ampliamente investigada en el ámbito de las Altas Habilidades. Durante años, se ha planteado el interrogante de si esta medida podría tener consecuencias negativas en el desarrollo social y emocional de los niños, niñas y adolescentes con superdotación. Sin embargo, los estudios más actuales y longitudinales indican todo lo contrario.

Una revisión realizada por Lynn Pollins (Daurio, 1979), no existe evidencia de que la aceleración cause daños sociales o emocionales. De hecho, en muchos casos, los efectos son positivos: la totalidad de estudiantes acelerados reportan niveles más altos de satisfacción personal, mejores perspectivas educativas y mayor aprovechamiento de las oportunidades que se les ofrecen.

¿Qué significa «aprendizaje social y emocional»?

Es un proceso por el cual adquirir competencias para identificar y gestionar las emociones, desarrollar la atención y la preocupación por los que nos rodean, tener responsabilidad sobre nuestras decisiones, establecer relaciones positivas y transitar de una manera activa y eficiente situaciones complejas. Se encamina a vincular y equilibrar los aspectos cognitivos, sociales, emocionales y relacionales del aprendizaje con miras a mejorar el bienestar de los alumnos, su éxito académico y su ciudadanía global activa, a la vez que promueve un cambio social positivo.

¿Qué beneficios aportan las habilidades socioemocionales?

Las habilidades socioemocionales deben integrarse las políticas tanto por constituir un fin en sí mismo como por propiciar otros rendimientos relativos al aprendizaje, ya que permiten mejorar:

  • el vínculo entre el aprendizaje y la escuela,
  • el rendimiento académico,
  • las relaciones interpersonales,
  • el bienestar mental,
  • el comportamiento social,
  • la empleabilidad, y
  • la recuperación tras la exposición a desastres y situaciones traumáticas.

También permiten que disminuyan:

  • la deserción escolar,
  • la angustia, la ansiedad y la depresión,
  • la intimidación y el acoso,
  • los riesgos que conllevan el alcohol y las drogas,
  • los insultos de contenido homofóbico, la violencia sexual, y
  • las desigualdades y desventajas sociales, incluidas la discriminación y la exclusión social.

(UNESCO, 2025)

¿Qué tipos de aceleración existen?

No todos los caminos de aceleración son iguales. Según Stanley (1979), puede implicar, por ejemplo:

  • Saltarse grados escolares.
  • Asistir a cursos superiores en la escuela o universitarios mientras se cursa la educación secundaria.
  • Cursar carreras en menos tiempo.
  • Obtener créditos adelantados a través de exámenes especiales, etc.

Hay muchas más formas de aceleración y cada modalidad puede influir de manera diferente en el desarrollo del niño, niña o adolescente y por eso es importante una evaluación y una estrategia individualizada y profesional antes de implementarla.

¿Qué se investigó y cómo?

Se revisaron estudios de caso y seguimientos longitudinales en los que se compararon estudiantes acelerados con sus pares igualmente con Altas Habilidades pero sin acelerar. Una investigación destacada fue la del Estudio de Jóvenes Matemáticamente Precoces (EJMP), que analizó a un grupo de estudiantes varones acelerados radicalmente (tres años o más) y otro grupo no acelerado, emparejados en edad y capacidad intelectual. A los 13 años, ambos grupos mostraban un desarrollo social y emocional similar. Sin embargo, cinco años después, los acelerados destacaban por:

  • Tener mayores aspiraciones educativas.
  • Percibir que aprovecharon mejor las oportunidades de aprendizaje.
  • Sentirse más acompañados y comprendidos en su trayecto educativo.

¿Y si lo comparamos con estudiantes mayores o con iguales?

Muchos estudios anteriores comparaban a estudiantes acelerados con compañeros mayores de edad promedio. Pero lo más adecuado es contrastarlos con otros estudiantes igualmente superdotados que no hayan sido acelerados, para poder evaluar realmente el efecto de la aceleración en su desarrollo.


Hallazgos clave de investigaciones relevantes:

  • Terman y Oden (1947): no encontraron efectos negativos a largo plazo; incluso reportaron mayor éxito educativo y personal en acelerados.
  • Keys (1938): los acelerados mostraron mayor participación en actividades y mejor desempeño.
  • Hobson (1963) yWorcester (1956): los acelerados fueron bien valorados social y emocionalmente por docentes y compañeros.
  • Pressey (1949) yFundación Ford (1953): los estudiantes acelerados se adaptaban bien a la universidad y mostraban igual o mayor compromiso social.
  • Keating et al. (1974): niños acelerados en clases universitarias interactuaban adecuadamente con sus pares mayores.

Conclusión

La evidencia científica es clara: la aceleración educativa no daña el desarrollo social y emocional de estudiantes con Altas Habilidades. Muy por el contrario, puede contribuir positivamente cuando está bien planificada y adaptada al perfil del estudiante. Este tipo de decisiones debe ser acompañada por el trabajo de profesionales especialistas, como los que formamos parte de Alhas, para asegurar el bienestar integral del niño, niña o adolescente.

«La afirmación de que la aceleración es perjudicial para el desarrollo social y emocional de los jóvenes superdotados no se sostiene frente a la evidencia» (Pollins en Daurio, 1979).

Fuente consultada: http://www.davidsongifted.org/Search-Database/entry/A10017

Artículo de interés sobre integración del aprendizaje socioemocional en los sistemas educativos (inglés): https://unesdoc.unesco.org/ark:/48223/pf0000392261

Para saber más sobre este u otros temas, consultá por nuestras formaciones. Equipo de ALHAS.

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